Utilizando los materiales más nobles y resistentes, como son el oro y el hierro, el damasquino o damasquinado consiste en un complejo, lento y minucioso proceso artesanal, mediante el cual se incrusta el oro sobre el metal, siguiendo unos pasos muy determinados.

Picado.- En primer lugar se hacen unas picaduras, rayas o cortes con un buril o una cuchilla sobre una lámina de hierro recortada previamente con una forma determinada, sobre la que se va realizar el damasquinado.
Esto cubre la pieza con finas hendiduras longitudinales y transversales que harán que la adherencia del oro al metal sea óptima.

Dibujado.- Utilizando el buril, se dibujan las líneas maestras del dibujo elegido.
Con un punzón de base plana se perfilan estas formas con hilo de oro de 24 kilates, y se rellenan después con finas láminas de oro también de 24 kilates.

Incrustado.- Con un punzón y un martillo (llamado botador) se procede a incrustar las láminas y los hilos de oro, mediante un lento y duro trabajo de golpeo.

Pavonado.- A continuación se procede a pavonar la pieza, un proceso consistente en someter el metal, con el oro ya incrustado, a altísimas temperaturas (entre 700 y 800 grados).
Esto se consigue con un baño de sosa caústica y nitrato de potasa, que provoca la oxidación en el soporte y que le dará el color negro de fondo característico del damasquino.

Bruñido.- En esta fase se bruñe la pieza y se repasan los dibujos, obteniendo del oro el brillo, resplandor, contrastes y sombras deseados por el artesano.

Engarce.- Es el último paso, en el que se realiza el montaje de la pieza de damasquino en la montura (bañada en oro) correspondiente al artículo que se desea entregar: colgante, broche, pendientes, gemelos...